lunes, 20 de diciembre de 2010

Why so fucking perfect?



= ¿Y me darás la mano cuando me pierda?
+ ¿Por qué conformarse con la mano si ya me llegas al corazón que es más importante?






¿Podemos fingir que los aviones en el cielo oscuro son estrellas que brillan?

sábado, 18 de diciembre de 2010

Going under

No sabía la hora exacta a la que había entrado en la habitación, pero podía escuchar su respiración por encima de los estridentes pitidos de los coches que, aún siendo las cuatro de la mañana, llegaban desde la autovía. Cada vez que espiraba podía sentir su aire, como cuando alguien te susurra dejando arrastrar las palabras al oído.Tenía los ojos cerrados, pero no necesitaba abrirlos para verle, su imagen, cada una de las perfectas líneas que dibujaba su figura estaban grabadas a fuego en mi mente. Si me hubieran dado un lienzo en blanco y un carboncillo, probablemente sería capaz de plasmar sus contornos con un estrecho margen de error. 
Hacía unas cuantas horas que me había ido a dormir, pero su inconfundible perfume me había despertado, era dulce, embriagador, lo único que me preocupaba era no ser capaz de mantenerme quieta, sucumbir a la tentación de recorrer su piel con la punta de mi nariz, dejarme aturdir por una oleada de su aroma de perdición que tantas veces había soñado descubrir si sabe tan bien como huele.
¿Aún me atrevía a decir que no había perdido la cabeza? ¿Qué no me tenía exactamente donde me quería tener porque me sentía completamente dependiente de cada uno de sus movimientos?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Little piece of heaven

El frío cala hasta el fondo de mis huesos congelandome de tal manera que lo siento llegar al tuétano, a pesar de que voy abrigada con mi chaqueta azúl oscuro, amplia y casi dos tallas más que la mía, la más cálida, mi favorita. Me hace gracia la condensación que se forma en el ambiente cada vez que hecho el aliento, si estuviera frente a un cristal probablemente dejaría una huella del vaho, y aunque los temblores se suceden uno tras otro, merece la pena encontrarse en este lugar con tal de poder observar el cielo. Las nube que quedan, ya descargadas tras la lluvia que azotó al mediodía, se van tiznando lentamente un rosa intenso, en contraste con la suavidad del naranja amelocotonado que pinta el fondo a medida que el sol se va escondiendo entre las montañas.
El aire gélido se cuela hasta mis pulmones tras una larga bocanada de aire, enseguida me arrepiento de haberla tomado pues hace que se me pongan los pelos como escarpias y me estremezco con incomodidad. Escondo los dedos, que se sienten como cubitos de hielo, en mi pantalón para apretarlos contra mis muslos en busca de mi propio calor corporal y sonrío, sonrío completamente sola. La puesta del sol despierta en mi un sentimiento de añoranza, quizás porque no hay nadie para compartirla conmigo, ¿quién sabe?, pero aún así, nadie podría negar la asombrosa belleza que me acompaña.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Feeling sick

Y ahora miraba por la ventana y recordaba cada detalle, todos los miedos que había tenido al principio habían sido como el parte del tiempo, no podía sentir nada más que las borrascas en su interior removiendo cada uno de sus sentidos hasta dejarla completamente agotada. 
Tomó aire arañando su pantalón a la altura de la rodilla, sentía un cosquilleo repetitivo en la boca del estómago que no sabría si describir como algo agradable o la mayor tortura del mundo. Su cabeza no paraba de tomar cada pequeño gesto o sensación que ahora percibía y relacionarlo con sucesos más felices pasado. Todo estaba mal, todo lo que había hecho era un error, su comportamiento había sido el de una niñata consentida y caprichosa, como si él no hubiera importado nunca, cuando nada de eso era lo que de podía decir de cómo se había sentido. 
Clavó las uñas en el vaquero con rabia hasta que se resbalaron doblandose hacia atrás dolorosamente notando cómo su respiración se volvía sofocada, demasiado angustiada como para retener sus sollozos. Parecía que su corazón estuviese encerrado en una jaula muy estrecha con las barras cubiertas de espino y cada vez que latía se clavasen sin piedad atravesando su carne.
Sabía que tenía que dejar de regodearse en el pasado para poder avanzar, tenía que simplemente admitirlo y continuar en vez de simplemente pasarse las horas compadeciéndose a sí misma, pero no quería, era simplemente eso. Si lo dejaba atrás y olvidaba sería como si se hubiera dado por vencida y eso no podía aguantarlo, su mundo se vendría abajo.