
Y así fue cómo lo perdí todo... Las ganas de seguir esforzándome en mantener vivo algo que por supuesto estaba condenado. Y lo peor de todo era que después de la mayor decepción que me podía haber llevado en años, sí, en años; ni siquiera era capaz de afirmar que me invadía un sentimiento con nombre. El estómago empezaba a pesarme, era como si la pantalla, mis manos, todo se alejara de mí misma, yo misma me alejara de mí misma. "No puede ser verdad, es un maldito sueño porque estas cosas a mí no me pasan." ¡Já! ojalá... Todo era real. Sé que el concepto de realidad en esos momentos estaba bastante distorsionado, pero era lo único a lo que podía atenerme y era dolorosamente abrumador. FIN.
